La chicha es una bebida típica llena de tradición que ha sido parte de nuestra cultura desde tiempos precolombinos. Hoy, te invitamos a descubrir sus orígenes, cómo se elabora y por qué es tan especial.
La chicha es una bebida tradicional hecha de maíz fermentado, endulzada con panela y mezclada con agua. Es una bebida con raíces ancestrales, que era usada por los indígenas para celebraciones y rituales. Su sabor puede variar dependiendo del tiempo de fermentación y, en algunos casos, se le agregan frutas para darle un toque especial.
Durante la época de la colonia, la chicha siguió siendo muy popular, pero con el tiempo perdió algo de protagonismo. Sin embargo, en las últimas décadas ha resurgido como un símbolo de identidad cultural en varias regiones de Colombia, especialmente en Bogotá y Boyacá.
Se dice que en Bogotá,
a finales del siglo XIX, había más de 800 establecimientos dedicados a la venta de chicha. Su popularidad se debía principalmente a su bajo costo, lo que la hacía accesible para muchas familias.
Sin embargo,
en aquella época, la producción de la chicha no siempre era higiénica.
En muchas chicherías, el producto se preparaba en vasijas de barro sucias, destapadas y con poca supervisión.
En aquella época, era común encontrar insectos y otros elementos en el brebaje. Incluso, algunos productores seguían la tradición indígena de masticar los granos de maíz y añadir esta mezcla al producto final, ya que se creía que la saliva mejoraba el sabor y aceleraba la fermentación. Hoy en día, quienes producen chicha han adoptado prácticas mucho más cuidadosas y estándares de higiene rigurosos, asegurándose de ofrecer un producto seguro y de calidad.
Además, trabajan por preservar esta bebida como parte de nuestras tradiciones, llevándola a las nuevas generaciones como un símbolo de historia, cultura y sabor colombiano.
La receta tradicional de la chicha ha pasado de generación en generación. Aunque puede variar según la región, los ingredientes principales son:
El proceso de fermentación puede durar desde unos pocos días hasta varias semanas, dependiendo del sabor deseado. Algunas recetas modernas añaden frutas como lulo o guanábana para darle un toque diferente.
Uno de los sectores más frecuentados actualmente para consumirla es La Calle del Embudo, es decir, la puerta de entrada al corazón de Bogotá: el Chorro de Quevedo (localidad de La Candelaria).
Se calcula que solo en esta zona operan unas 20 chicherías. Sus principales clientes son jóvenes universitarios que estudian por la zona y extranjeros que se alojan en hostales cercanos.
Esto significa que la tradición está muy lejos de acabarse. Las cifras lo prueban: se venden 613.449 litros de chicha entre viernes, sábado y domingo, lo que equivaldría a 1.858 botellas de cerveza, es decir, 61 canastas. Solo el viernes, que es el día de las mejores ventas, el consumo es de 334.375 litros.
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