Donald Trump y la nueva política de deportaciones en EE.UU.: lo que debes saber

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha traído consigo una nueva ola de medidas contra la inmigración indocumentada. Desde su campaña, el presidente ha prometido llevar a cabo la mayor campaña de deportación en la historia de Estados Unidos, con el objetivo de expulsar a millones de personas que viven en el país sin documentos legales.


Esta noticia ha generado incertidumbre y preocupación entre las comunidades migrantes, incluyendo miles de colombianos y latinoamericanos.

Oficialmente, se estima que en Estados Unidos viven 11 millones de inmigrantes indocumentados, aunque esa cifra podría ser mayor debido al aumento en los cruces fronterizos durante el mandato de Joe Biden. Trump ha mencionado la posibilidad de deportar entre 15 y 20 millones de personas, lo que ha generado tensiones diplomáticas con varios países de América Latina, quienes han expresado su descontento por el trato a sus ciudadanos deportados.

El gobierno de Colombia ha manifestado su preocupación por las condiciones en las que sus ciudadanos están siendo deportados, calificándolas de inhumanas. De manera similar, Brasil ha exigido explicaciones a Washington por la manera en que están manejando estas repatriaciones. Mientras tanto, el gobierno de México ha optado por mantener la calma y analizar soluciones para atender esta situación.


Los gobiernos de estas naciones han expresado su preocupación y han exigido que sus ciudadanos sean tratados con dignidad, ya que no todas las personas deportadas son delincuentes. Muchas de ellas son padres, trabajadores y jóvenes que buscaban mejores oportunidades para sus familias.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce el derecho a migrar, estableciendo que toda persona tiene la libertad de salir de su país y también de regresar. Sin embargo, cada nación tiene el derecho de regular el ingreso de personas a su territorio.


El problema principal surge cuando una persona entra a otro país sin cumplir con los procedimientos legales.


Cada nación establece requisitos para el ingreso de extranjeros, ya sea por motivos de trabajo, estudio, turismo o asilo. No respetar estas normas puede traer consecuencias como la deportación o la prohibición de volver a ingresar en el futuro.

Nuevas reglas:

En el caso de Estados Unidos, el gobierno de Trump busca fortalecer las políticas de control fronterizo y reforzar la seguridad en la entrada al país. Esto significa que las personas que intenten ingresar sin documentos, o aquellas que ya están en EE.UU. de manera irregular, podrían enfrentarse a procesos de expulsión más rápidos y estrictos.


La migración es un fenómeno global. Actualmente, se calcula que 281 millones de personas viven fuera de su país de origen, muchas de ellas por necesidad. Factores como la pobreza, la falta de acceso a servicios básicos, el cambio climático y los conflictos armados obligan a miles de familias a buscar un futuro mejor en otras naciones.

Indocumentados:

Es importante que las personas que deseen migrar a otro país lo hagan de manera informada y dentro de los canales legales. Seguir los procesos adecuados no solo evita problemas en el futuro, como ir a la cárcel, sino que también permite acceder a mejores oportunidades de empleo y educación.


Es decir, un migrante debe evitar quedar indocumentado. Siempre se debe contar con una visa, un permiso de residencia o una nacionalidad reconocida en ese país.


Por ejemplo, en Estados Unidos, muchas personas han intentado cruzar la frontera de manera irregular, sin pasar por los controles oficiales ni notificar a las autoridades. Estos viajes suelen ser extremadamente peligrosos, ya que implican largas caminatas a través del desierto, el uso de transportes clandestinos o incluso la exposición a traficantes de personas.


Por otro lado, hay quienes ingresan al país de manera legal con una visa de turista, estudiante o trabajo, pero una vez que esta expira, deciden quedarse sin renovarla o sin realizar los trámites necesarios para su permanencia. En ambos casos, estas personas se convierten en indocumentadas, lo que significa que no tienen permiso legal para residir o trabajar en el país.


Ser indocumentado en un país tiene muchas consecuencias, como la imposibilidad de acceder a trabajos formales, asistencia médica o educación en ciertas instituciones. Además, pueden ser deportados en cualquier momento si las autoridades de inmigración los identifican, lo que les genera un estado constante de incertidumbre y preocupación.

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