Las maravillas geológicas de la formación de islas no son un fenómeno único. A lo largo de la historia, volcanes submarinos y la actividad sísmica han dado origen a nuevas tierras.
Un ejemplo notable fue en 2013 cuando una erupción en Nishinoshima, en el océano Pacífico al sur de Tokio, desencadenó la creación de una isla. Esta isla continuó expandiéndose durante una década debido a la persistente actividad del volcán.
En el mismo año, tras un fuerte terremoto de magnitud 7,7 en Pakistán, una pequeña isla emergió del fondo del mar, un testimonio impresionante de la poderosa fuerza de la actividad tectónica. Y en 2015, frente a la costa de Tonga, una nueva isla surgió como resultado de una erupción de un volcán submarino que se prolongó durante un mes.
Japón, hogar de 111 de los 1.500 volcanes activos en el mundo, se encuentra estratégicamente posicionado en el "anillo de fuego" del Pacífico, según la Agencia Meteorológica de Japón. Esta región, rica en actividad geotérmica, sigue siendo un recordatorio impresionante de la dinámica e impredecible naturaleza de nuestro planeta